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Los desafíos del mundo del trabajo y de la OIT en su centenario

Esta nota revisa los principales desafíos en materia laboral frente a las transformaciones tecnológicas y los nuevos paradigmas productivos del siglo XXI.

Opinión | 7 de noviembre de 2019
Por José Manuel Salazar - Xirinachs, ex Director Regional de OIT para América Latina y el Caribe

José Manuel Salazar
La OIT frente a los nuevos paradigmas productivos del siglo XXI

El centenario de la OIT no es solo una ocasión de homenaje y de recuerdo histórico, es también y sobre todo una oportunidad para reflexionar sobre la pregunta fundamental de cómo pueden ponerse en práctica los valores fundacionales de la Organización bajo las condiciones muy diferentes del siglo XXI.

Muchos de los temas y desafíos clásicos que la OIT y sus constituyentes (gobiernos, empleadores y trabajadores) enfrentan en el mundo del trabajo siguen y seguirán vigentes entrado su segundo siglo de existencia. Temas tales como la duración de las jornadas y el tiempo de trabajo; las condiciones de trabajo; la no discriminación, incluyendo en especial la inclusión de las mujeres en el mercado laboral; la erradicación del trabajo infantil y el trabajo forzoso; el derecho de los trabajadores a organizarse y a negociar colectivamente, entre otros.

Pero estamos también en un mundo nuevo: el mundo del trabajo está siendo digitalizado, automatizado, robotizado, descarbonizado y desintermediado. También está envejeciendo aceleradamente en varios países, y está surgiendo un nuevo paradigma productivo asociado al cambio tecnológico acelerado, así como nuevos modelos de negocios y nuevas formas de contratación.

Para enfrentar este nuevo mundo de la producción y del trabajo, la OIT debe repensar las reglas que acordó para un mundo del trabajo diferente, así como la naturaleza del diálogo social tripartito que está en el corazón de su gobernanza. A principios del siglo XXI se dieron importantes pasos en este repensar bajo el liderazgo de Juan Somavía, con la introducción del concepto de trabajo decente y su vinculación con la dignidad humana, con la paz en los centros de trabajo, en las comunidades y en los países. Y también con el análisis y las recomendaciones de la Comisión Mundial sobre la Dimensión Social de la Globalización y con la introducción de la dimensión de empleo productivo y trabajo decente en la Agenda 2030. Todos estos fueron hitos que reconocieron la centralidad del mundo del trabajo y el empleo pleno y productivo para el desarrollo humano y sostenible en la era de la globalización. También fueron fundamentales para que la OIT logre mantener su influencia y relevancia durante el siglo XXI.

La pregunta más crucial para el mundo del trabajo y para la OIT hoy día es: ¿qué significa poner en práctica los valores de justicia social, no discriminación y trabajo decente en pleno siglo XXI?

La conversación sobre el futuro del trabajo se ha convertido actualmente en una de las más fundamentales de la humanidad, junto con la discusión sobre el cambio climático, sobre los cambios y riesgos geopolíticos y sobre la cooperación internacional y el multilateralismo.

El impacto de los cambios tecnológicos en el mundo del trabajo

Desde esta perspectiva habría que señalar tres grandes áreas de retos del mundo del trabajo y para la OIT en ocasión de su centenario.

Primero, enfrentar las consecuencias del cambio tecnológico acelerado y de los nuevos paradigmas productivos y en materia de modelos de negocios. Este es un tema muy amplio y su abordaje se facilita si distinguimos cinco subtemas con respecto a los impactos de las varias revoluciones tecnológicas:

(1) La cuestión de la aceleración en la destrucción y en la creación de empleos es un tema que genera una gran ansiedad porque se desconoce si el resultado neto será un aumento del llamado “desempleo tecnológico”, debido a una mayor destrucción que creación de empleos a causa de la sustitución de humanos por robots. A pesar de varios estudios alarmistas que se citan con frecuencia, todos ellos en países desarrollados, este es un tema rodeado de mucha incertidumbre, sobre todo en cuanto a los números agregados o macro, y hay muy pocos estudios en los países en desarrollo. La única certeza que tenemos es que la revolución tecnológica ha incrementado el ritmo del desplazamiento de trabajadores a nivel microeconómico, es decir, entre sectores y entre geografías o territorios, dentro de países y entre países. También se han acelerado los flujos migratorios en busca de oportunidades de empleo. Esta aceleración plantea el imperativo de repensar las reglas del mundo del trabajo para una realidad de mucha mayor movilidad funcional, sectorial y geográfica, tanto de la producción como de las personas.

(2) Una segunda aceleración está ocurriendo en la transformación de ocupaciones y de las habilidades requeridas para el trabajo. La era de la automatización y de la economía digital ha acelerado la obsolescencia de las habilidades existentes, sobre todo las físicas y manuales, así como la demanda por otras nuevas. Estas incluyen no solo nuevas habilidades tecnológicas y digitales básicas, para lugares de trabajo cada vez más digitalizados y poblados de “máquinas inteligentes”, sino también habilidades sociales, emocionales y de carácter, tales como capacidad de trabajo en equipo, creatividad, habilidades de comunicación, interacción e iniciativa, liderazgo y gestión de personas, etc., que las máquinas no tienen (al menos por el momento). Existe hoy día una carrera entre la educación, tanto formal como técnica, y la tecnología. Las instituciones educativas y de formación vocacional están presionadas a adaptarse a las nuevas condiciones y deben anticipar los cambios en la demanda de habilidades. Las empresas no pueden esperar que los trabajadores vengan job-ready (preparados para el trabajo) de las instituciones de donde se gradúan, y cada vez más el entrenamiento en el lugar de trabajo debe ser parte integral de la educación/formación. El ciclo educación-trabajo-retiro es obsoleto; en cambio, prevalece el concepto de formación a lo largo de la vida, según el cual los individuos van a tener que entrenarse y reentrenarse de manera continua, o por lo menos varias veces a lo largo de su vida laboral. Y esto significa cambios de actitud en las personas, así como cambios de práctica en los sistemas educativos y de formación y por parte de las empresas. Se trata de una verdadera transformación cultural para las personas, las instituciones y las empresas hacia una cultura de aprendizaje a lo largo de la vida, indispensable para desarrollar la fuerza de trabajo competitiva y ágil del futuro.

3) El tercer subtema es la creación de un nuevo paradigma productivo, llamado Industria 4.0, que es el resultado de la convergencia de varias nuevas tecnologías en el mundo de la producción, principalmente las tecnologías de la información y las comunicaciones, el internet de las cosas, la robotización, la automatización y la impresión 3D. Se está creando un nuevo mundo de productos inteligentes, fábricas inteligentes, logística, mercadeo y distribución inteligentes, automatizados e interconectados, que no solo están eliminando tareas rutinarias y cambiando los perfiles ocupacionales, sino redefiniendo las cadenas de valor, los modelos de negocios y las formas de contratación. Los modernos modelos productivos plantean nuevos desafíos para las empresas y los países en desarrollo sobre cómo insertarse beneficiosamente al mundo actual de la producción y de las cadenas productivas.

4) Un cuarto subtema es precisamente el del cambio en los modelos de negocios y de formas de contratación asociados con algunos de los nuevos “modos de producción”. Esto incluye nuevas realidades como las plataformas digitales, la economía colaborativa o gig, el freelancing, el aumento de los empleos temporales y a tiempo parcial y la llamada “tercerización de actividades”. La pregunta básica de política al respecto es qué tipo de regulaciones y prácticas laborales pueden garantizar los derechos y las protecciones clásicas a los trabajadores bajo estas nuevas realidades.

5) El quinto subtema en la conversación sobre los impactos de la tecnología es el de sus efectos sobre la distribución de salarios y del ingreso. David Autor y otros autores han documentado la tendencia en países desarrollados hacia lo que se ha llamado la polarización salarial o el “vaciado del medio”. Es una expresión moderna de lo que se conoce en la literatura económica como “cambio tecnológico sesgado hacia las habilidades” (skill-biased technical change). Consiste en un aumento en la demanda y las remuneraciones de los trabajadores con altas calificaciones y una reducción en la demanda y las remuneraciones de los trabajadores con bajas calificaciones, además de eliminar tareas rutinarias por la automatización y robotización. Esto tiende a deteriorar la distribución de los salarios.

Estos cinco subtemas sobre los impactos del cambio tecnológico acelerado, sin duda relacionados entre sí, apuntan hacia dos áreas de política que son fundamentales en la respuesta ante esos fenómenos:

a) La inversión en talento humano, incluyendo el fortalecimiento de los sistemas educativos y de formación y de los sistemas de capacitación en el trabajo. La calidad del talento humano es un elemento clave que contribuye a contrarrestar y enfrentar los aspectos negativos de estas cinco tendencias. Esto lleva a repensar los sistemas educativos y de formación y a enfatizar el concepto de formación a lo largo de la vida.

b) Las políticas y regulaciones que facilitan el ajuste de los mercados de trabajo para permitir la flexibilidad y la movilidad que es consustancial al nuevo paradigma productivo, pero sin desproteger a los trabajadores. La flexibilidad no debe verse como equivalente a precariedad o, dicho de otro modo, la pregunta clave es cómo la flexibilidad y la movilidad, que parecen ser inherentes al nuevo mundo de la producción y del trabajo, pueden compatibilizarse con la protección a los trabajadores y la ausencia de inseguridad y de malas condiciones laborales o precariedad. Lograr esto requiere nada menos que repensar las políticas de protección social y el estado de bienestar que están en la base del pacto social con el fin de apoyar transiciones en una era de cambios acelerados.

La gobernanza tripartita: desafíos pendientes

La segunda área de desafíos se refiere específicamente a la OIT como institución internacional del mundo del trabajo, y es la gobernanza tripartita del mundo del trabajo y los alcances del diálogo social. Aquí conviene distinguir dos temas.

Uno se refiere a la desconexión entre los marcos integrados de política que son ahora característicos y los marcos fragmentados de ejecución de políticas que existen en la realidad. La agenda de trabajo decente se ha caracterizado como un marco de políticas donde sus pilares son inseparables, interrelacionados y que se refuerzan mutuamente. Lenguaje similar se ha utilizado para definir la Agenda 2030 en cuanto al desarrollo sostenible. Esto resulta útil para distinguir las visiones y los objetivos aspiracionales, pero la realidad institucional de la puesta en práctica de políticas, sobre todo a nivel nacional, es de una gran fragmentación de competencias entre diversos temas y las instituciones responsables. La coordinación público-pública y público-privada es una de las cuestiones más importantes para una gestión efectiva de los marcos y objetivos de política, y a la que la OIT y los ministros de Trabajo y Empleo deberían dedicarle más atención.

El otro tema es una trampa que la gobernanza tripartita debe evitar. El foco en el mundo del trabajo tal como existe, sus urgencias y conflictividad, debe balancearse con una mirada de largo plazo en los desafíos del futuro del trabajo. Esto significa que hacer prospectiva y anticipar el futuro es imperativo. Este no es un ejercicio fácil. Pensar de manera efectiva en el futuro requiere ante todo reconocer que el futuro va a ser diferente al presente, las nuevas tecnologías van a cambiar lo que es posible, los movimientos sociales van a cambiar lo que es aceptable. Lo único cierto sobre el futuro es que va a ser diferente. Aceptar esto requiere una cierta actitud ante los cambios, no solo de flexibilidad sino de proactividad para la construcción de economías y sociedades diferentes. Solo así se va a poder construir un mejor futuro del trabajo. Por ejemplo, en particular en los países en desarrollo, el tripartismo debe reconocer que no será posible construir un mejor futuro del trabajo sin un mejor futuro de la producción, y debe participar más activamente de lo que ha sido el caso hasta ahora en políticas de transformación y diversificación productiva, y en políticas de gobernanza de los mercados basados en la cooperación público-privada, a nivel nacional y en territorios dentro de los países. Este es un importante desafío para la gobernanza tripartita de cara al futuro del trabajo.

El futuro del trabajo en América Latina: políticas indispensables de desarrollo productivo y crecimiento de la productividad

La tercera área de desafío para los países y para la OIT en materia de creación de empleos de calidad es cómo promover un crecimiento alto, sostenido, inclusivo y sostenible, lo cual remite directamente al tema de las políticas de desarrollo productivo y de aumento de la productividad. A veces parece que se nos olvida que el mundo del trabajo es el mundo de la producción, que son dos caras de la misma moneda, y que no es posible crear un mejor futuro del trabajo sin promover un mejor futuro de la producción.

Los países de América Latina y el Caribe tienen niveles de productividad que son el 20%, 30% y 50% de la de los países líderes. En los últimos años estas brechas han venido ensanchándose, no cerrándose. Las estructuras productivas están todavía muy concentradas en productos primarios y materias primas con baja elaboración o valor agregado. Además, las matrices productivas son poco diversificadas. El contenido tecnológico de la producción y las exportaciones es bajo y concomitantemente su valor agregado. Un 28% del empleo es por cuenta propia y otro 28% es en microempresas de menos de cinco empleados. En este 56% del empleo es donde se concentra la mayor parte de la informalidad y de la pobreza. El empleo informal es en promedio el 50% del empleo de la región y en algunos países alcanza el 70%. La región experimentó una década de alto crecimiento del 2002 al 2012 gracias a la elevada demanda y a los altos precios de las materias primas, no debido a esfuerzos propios orientados hacia el desarrollo y la diversificación productiva. Y con la desaceleración de la economía mundial ha entrado en una nueva era de crecimiento mediocre. Entonces: ¿de dónde van a salir los empleos de calidad a los que aspira la región? ¿Cómo se va a generar un crecimiento alto, sostenido e inclusivo? ¿Cómo se promueve un mejor futuro de la producción?

La única forma de crear empleos de calidad es mediante políticas de desarrollo productivo (PDP). Con frecuencia, el Objetivo 8 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible se interpreta como un tema de trabajo decente; si bien es cierto que esta es la segunda parte del objetivo, la primera habla del crecimiento con tres características: sostenido, inclusivo y sostenible. Los instrumentos para influir sobre el ritmo y la naturaleza del crecimiento están en el área de las PDP.

En el mundo desarrollado la cuestión sobre el futuro del trabajo está muy dominada por el tema de las nuevas tecnologías, y esta sin duda es una tendencia que también impacta en los países en desarrollo. Pero el problema básico del empleo en estos países sigue estando asociado con un desarrollo insuficiente de las fuerzas y capacidades productivas y una productividad baja. En América Latina muchas veces nos hemos enfocado en las políticas sociales y los retos de la desigualdad en la distribución de la riqueza, temas muy importantes sin duda, pero a veces se ha hecho esto a costa de descuidar los desafíos pendientes para la creación de riqueza y del desarrollo productivo. No podrá construirse un mejor futuro del trabajo en la región, incluyendo objetivos de reducción de desigualdades, si no se presta mayor atención al crecimiento de las empresas y la producción con una amplia base de participación. Si no, ¿De dónde van a salir los empleos de calidad? Hay que hacer mayor hincapié y trabajar mucho más fuerte de lo que se ha hecho hasta ahora en las políticas de desarrollo y diversificación productiva, así como en el crecimiento de la productividad. Llegó la hora del diálogo social para el desarrollo productivo.