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7ª Reunión Regional Europea de la OIT Los sindicatos atraviesan momentos difíciles en Europa Central y Oriental

En la mayor parte de Europa, los sindicatos están esforzándose para responder a los desafíos que plantea la globalización. En los estados de Europa Central y Oriental que acaban de incorporarse a la Unión Europea, al igual que en otros países de Europa Oriental y Sudoriental, estas dificultades se han agravado por los costes económicos y sociales de la transición hacia sistemas de democracia de mercado.

Artículo | 18 de febrero de 2005

BUDAPEST – Pese a los importantes logros de la última década de transición a las democracias de mercado, los sindicatos de toda la región siguen enfrentándose a problemas de difícil solución: la recuperación de los ingresos reales y los índices de empleo después de la transición, adquirir protagonismo en el contexto del diálogo social y representar los intereses de los trabajadores en un entorno de políticas y reformas sociales que evolucionan rápidamente.

"A principios de los noventa, los sindicatos de Europa Central y Oriental tomaron la decisión estratégica de sumarse a las fuerzas que apoyaban la democratización y la transición a una economía de mercado", señala Dimitrina Dimitrova, Especialista Principal en Actividades de los Trabajadores de la Oficina Subregional de la OIT para Europa Central y Oriental de Budapest. "La legitimidad de los sindicatos independientes se derivó en gran medida de su apoyo a las reformas democráticas y la transición pacífica a una economía de mercado. Los sindicatos tomaron conscientemente la determinación estratégica de dar prioridad absoluta a esta cuestión, a sabiendas de que los intereses económicos inmediatos de los afiliados sindicales podían verse perjudicados. En aquel momento, todo el mundo creía que los intereses de los trabajadores iban a defenderse de manera adecuada una vez que la transición a la economía de mercado hubiese concluido".

El proceso de reforma tomó un giro neoliberal prácticamente en toda la región, y las políticas de austeridad que defendían las instituciones financieras internacionales desempeñaron un papel destacado al limitar la capacidad de acción de los sindicatos en intervenciones estratégicas, indica la Sra. Dimitrova. "Se trataba en cierto modo de un compromiso histórico inevitable, pero los sindicatos salieron de ese periodo considerablemente debilitados", añade.

Hoy en día, las organizaciones de trabajadores están realizando grandes esfuerzos para hacer frente a la desindustrialización, el crecimiento de las industrias de servicios y la expansión de la economía informal – por mencionar sólo unas pocas de las principales dificultades actuales. Al mismo tiempo, están tratando de conseguir un mayor protagonismo en la formulación de políticas sobre una base tripartita, y de aplicar un sistema diálogo sectorial bipartito similar al de la UE. No obstante, según los representantes de los sindicatos, esta labor no siempre resulta fácil ya que resulta frecuente que no exista un verdadero interlocutor por el lado de los empleadores, y que los gobiernos tienden a eludir el diálogo a la hora de elaborar políticas sociales.

El diálogo social: una ardua lucha

La mayor parte de los grandes sindicatos de la región tienen un historial de éxitos en el terreno del diálogo social, con intervenciones destacadas en muchos países, por ejemplo en lo que atañe a las negociaciones relativas a la reforma de la legislación laboral, a la que contribuyeron de manera considerable. Sin embargo, en numerosos países, los sindicatos consideran estos éxitos como algo perteneciente al pasado. Como indica la Sra. Dimitrova, "Los gobiernos optaron por el diálogo social a principios de los noventa, al darse cuenta de que su potencial de consenso suponía una oportunidad para responder a las crisis políticas y económicas, y para compartir responsabilidades. No obstante, el compromiso de los gobiernos se desvaneció en cuando desparecieron las amenazas de crisis inmediatas".

Esto se corresponde con la evaluación realizada en Rumania, donde las discusiones tripartitas que se desarrollaron en el año 2000 en el seno del Comité Económico y Social (CES) contribuyeron a la elaboración de un nuevo Código de Trabajo y de una estrategia de desarrollo sostenible a medio plazo. Sin embargo, aún hoy en día, los interlocutores sociales tienen dificultades para hacerse oír, afirma Mirela Caravan, Jefa del Departamento Internacional del Bloque Sindical Nacional (BNS) de Rumania. "El diálogo social no es muy eficaz, ya que el Gobierno considera la consulta a los interlocutores sociales como una mera formalidad", indica la Sra. Caravan. "Tan sólo un 30 ó 40 por ciento de los proyectos de ley se someten al CES para su examen, y en los pocos casos en que se hace, se ignoran sus observaciones y recomendaciones".

En Hungría, el diálogo social ha mantenido su carácter consultivo, con la obtención de un reducido número de verdaderos acuerdos, señala Imre Palkovics, Presidente de la Federación Nacional de Consejos de los Trabajadores (MTOSZ). Asimismo, indica que no se han entablado negociaciones de importancia sobre objetivos estratégicos o sobre propuestas normativas trascendentes. "Ante una reunión, el Gobierno envía sistemáticamente la documentación demasiado tarde, de modo que no se puede proceder a un análisis adecuado o ni se pueden formular comentarios realmente pertinentes. Esta tendencia se ha mantenido pese a la rotación de los gobiernos", afirma.

La situación es similar en Croacia, según Dusanka Marinkovic Draca, Jefa del Departamento de Relaciones Laborales de la Unión de Sindicatos Autónomos de Croacia (SSSH). Si bien el marco jurídico para el CES del país es "adecuado", y los sindicatos han logrado influir en algunas leyes de señalada importancia, "no estamos en absoluto satisfechos con los resultados", indica la Sra. Marinkovic Draca. "A menudo, nuestra función se limita al ejercicio del derecho a la información, y no se cuenta necesariamente con nosotros para buscar soluciones conjuntas". Por otra parte y necesariamente, después de cada elección parlamentaria, "los sindicatos nos vemos obligados a resaltar una y otra vez la necesidad y la obligación de desarrollar un diálogo social".

¿Se puede hablar de una concentración de los sindicatos?

Como pone de manifiesto la Comisión Europea en su informe "Las relaciones laborales en Europa 2004", publicado en enero del presente año, la mayor parte de los sindicatos de Europa Occidental han tendido a consolidarse mediante la fusión de grandes centrales sindicales, lo cual ha dado lugar a una profusión de "supersindicatos". No obstante, la Comisión señala que esta tendencia es "menos pronunciada" en los Estados Miembros de Europa Central y Oriental.

Sin duda, Croacia va camino de sumarse a esta tendencia a la fusión. La SSSH ya ha firmado un acuerdo de cooperación con otras dos confederaciones sindicales, señala su Presidente, Vesna Dejanovic. En virtud del acuerdo, la fusión plena de la SSSH y la Asociación de Sindicatos de Croacia (HUS) y Uni-Cro (Sindicato de Servicios) está prevista para 2006 ó 2007; esta fusión desembocará en la creación de una central sindical que representará a cerca del 70 por ciento de los trabajadores sindicalizados de Croacia.

En Rumania, el BNS también considera que las organizaciones de trabajadores deberían tender a agruparse mediante "resueltas acciones conjuntas, posiciones acordadas y fusiones", señala la Sra. Caravan. Las organizaciones sindicales ya están intercambiando experiencias e información, y organizando acciones solidarias.

Entre tanto, en Hungría, el movimiento sindical cuenta con seis centrales nacionales (según el informe de la Comisión, con excepción de Francia, se trata del país con mayor número de ellas en la Unión Europea). Este fenómeno se remonta al periodo inicial de la transición, en el que los sindicatos se dividieron de manera antagónica entre las organizaciones sucesoras de los antiguos sindicatos socialistas y los nuevos sindicatos partidarios de una transformación. Aun así, parecen existir actualmente presiones en pro de su concentración.