Por la construcción de un mundo de trabajo mejor y con una mayor igualdad de género

En el marco del Día Internacional de la Mujer, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) lanzó dos informes que analizan el impacto de la pandemia para las mujeres trabajadoras y plantean las acciones que deben seguirse.

Noticia | 8 de marzo de 2022
San José, Costa Rica - La crisis provocada por la pandemia de COVID-19 en los mercados laborales de América Latina y el Caribe impactó con mayor fuerza a las mujeres; precisamente, las medidas adoptadas para atender la emergencia sanitaria, como el cierre de los centros educativos y de cuidados fueron un golpe negativo en la participación laboral femenina.

En este marco, el 8 de marzo de 2022, Día Internacional de la Mujer, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) lanzó dos informes que analizan el impacto de la pandemia para las mujeres trabajadoras y plantean las acciones que deben seguirse.

Dichos estudios denominados “Los cuidados en el trabajo: Invertir en licencias y servicios de cuidados para una mayor igualdad en el mundo del trabajo” y la nota técnica sobre Panorama Laboral “América Latina y Caribe: Políticas de igualdad de género y mercado de trabajo durante la pandemia”, plantean mensajes claves para reactivar el crecimiento económico y el trabajo decente; y que reivindican el compromiso de la OIT por la construcción de un mundo de trabajo mejor y con una mayor igualdad de género”.

En el caso del estudio “Los cuidados en el trabajo: Invertir en licencias y servicios de cuidados para una mayor igualdad en el mundo del trabajo”, presenta hallazgos de una revisión general mundial de las leyes y prácticas nacionales relativas a las políticas de cuidados, principalmente en lo que respecta a la protección de la maternidad y la lactancia, las licencias de maternidad, paternidad y parental, así como a los servicios de cuidado infantil y los cuidados de larga duración en 185 países.

La pandemia ha empeorado la distribución desigual de las tareas domésticas y el cuidado de las familias entre mujeres y hombres, de hecho, para 189 países más de 2 millones de madres dejaron de trabajar en 2020, debido a la pérdida de puestos de trabajo en sectores dominados por las mujeres y por las presiones para combinar el trabajo con la familia tras el cierre de centros educativos (según datos recogidos por un reciente informe de la OIT y ONU Mujeres).

Persisten las brechas legales con relación a la protección de la maternidad, lactancia y las licencias de maternidad, paternidad y parentales. Estas brechas acentúan la desigualdad para las mujeres en el acceso y permanencia en el mundo del trabajo.

Destaca este informe que 649 millones de mujeres aún no cuentan con una protección de la maternidad o ésta no es adecuada, dado que en 82 países la licencia de maternidad es menor a 14 semanas; el monto de la prestación monetaria es menor a dos tercios del salario anterior o éste es pagado por el empleador en lugar de estar cubierto por un sistema de protección social, lo que aumenta el riesgo de que las empresas prefieran contratar a un hombre en lugar de una mujer con las mismas cualificaciones.

El informe es claro en plantear que trabajar en un entorno seguro y saludable es crucial para las mujeres embarazadas o lactantes, así como para sus recién nacidos, no obstante, solamente en 40 países se las protege de trabajos peligrosos o insalubres y en 53 naciones, se ofrece tiempo remunerado fuera del trabajo para que se realicen sus examinaciones médicas prenatales.
Al ritmo actual de las reformas legales, se necesitarán al menos 46 años más para lograr un mínimo de derechos en términos de protección de la maternidad en los 185 países analizados.

Existe una brecha global en las políticas de cuidado infantil, es decir un intervalo de 4,2 años entre el momento en el que finalizan los derechos por licencia y la edad en que las niñas y los niños pueden acceder a servicios de cuidado infantil o asistir a la escuela primaria.Durante este periodo, las madres y padres se ven forzados a buscar alternativas de cuido, lo que muchas veces se traduce en una limitación para el acceso o la permanencia en el mercado de trabajo.

Sumado a que solamente 57 de los 178 países cuentan con normativas para la provisión de programas de desarrollo educacional en la primera infancia (0 a 2 años). De igual manera, sólo 89 países proveen de servicios públicos de larga duración para personas adultas mayores en su legislación, y son menos aún los que ofrecen estos servicios para personas con diferentes situaciones de discapacidad.

Invertir en la economía de cuidados, es decir, en la protección de la maternidad y la lactancia, en las licencias de maternidad, paternidad y parentales, así como en los servicios de cuidado de la primera infancia y de larga duración universales, podría generar alrededor de 300 millones de trabajo al 2035, a partir de una inversión anual de 5,4 billones de dólares.
Para la OIT, invertir en cuidados es sumarse a un círculo virtuoso que permite construir un mundo del trabajo mejor y con una mayor igualdad de género.



Igualdad de género y mercado de trabajo

La nota técnica sobre Panorama Laboral en América Latina y el Caribe 2022 “América Latina y Caribe: Políticas de igualdad de género y mercado de trabajo durante la pandemia” señala que de los 23,6 millones de puestos de trabajo de las mujeres que se perdieron en el peor momento de la crisis, en 2021 aún faltaban por recuperar unos 4,2 millones.

Este estudio reitera que la inversión en cuidados es fundamental tanto para la generación de empleo de calidad como para la inserción plena de las mujeres en el mercado laboral, además, que el sector de los cuidados es una fuente importante de empleo y se prevé que entre 2015 y 2030, la demanda de trabajo de cuidado de personas mayores aumentará en un 51 por ciento a nivel global.

La nota técnica recopila una serie de experiencias y buenas prácticas en diversos países que muestra cómo la inclusión del enfoque de género mejora los resultados de las políticas, un dato que pone sobre la mesa que la igualdad de género debe ser un componente intrínseco del diseño, elaboración, aplicación y el análisis de los programas y estrategias implementados durante la pandemia y en la etapa de recuperación.

“No se deben retirar en forma anticipada las medidas de estímulo sectorial para consolidar la recuperación, especialmente en sectores con una proporción mayoritaria de mujeres trabajadoras. Tampoco deben retirarse las medidas de transferencias de ingresos o ayudas en especie para garantizar las condiciones mínimas que permitan sostener el crecimiento del empleo”, detalla el estudio.

Claramente, impulsar mayores esfuerzos para habilitar el acceso de las mujeres al mundo de la tecnología, desarrollando sus habilidades y competencias, pero también facilitando el acceso a los recursos digitales (dispositivos y conectividad) será determinante para mejorar sus condiciones para empleabilidad, poniendo el foco en las personas jóvenes y con baja formación.

El diálogo social, incluida la negociación colectiva jugará un rol aún más relevante, particularmente en los marcos regulatorios referidos al teletrabajo o trabajo a distancia y las plataformas de comercio electrónico para garantizar que no reproduzcan estereotipos de género en la valoración del rendimiento y las tareas, y consideren la corresponsabilidad en los cuidados.