Esta historia fue escrita por la Sala de Noticias de la OIT. Para ver las declaraciones y discursos oficiales de la OIT, por favor visite nuestra sección "Declaraciones y Discursos".

LA INCERTIDUMBRE LABORAL PREDOMINA EN TODOS LOS PAíSES INDUSTRIALIZADOS LOS TRABAJADORES CON MENORES INGRESOS SON LOS MAS PERJUDICADOS

GINEBRA (Noticias de la OIT) - Los elevados niveles de desocupación y la precariedad del empleo que afectan a los países más industrializados no son «ni inevitables ni irreversibles», y los países del G-7 tienen la responsabilidad «de encabezar las iniciativas que se desplieguen para hacer frente a la crisis mundial del empleo». Estas son algunas de las ideas que se contienen en el informe Nota1 que la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) ha preparado para la Conferencia sobre el Empleo del G-7, que se va a celebrar en Lille (Francia) del 1.o al 2 de abril.

Comunicado de prensa | 1 de abril de 1996

GINEBRA (Noticias de la OIT) - Los elevados niveles de desocupación y la precariedad del empleo que afectan a los países más industrializados no son «ni inevitables ni irreversibles», y los países del G-7 tienen la responsabilidad «de encabezar las iniciativas que se desplieguen para hacer frente a la crisis mundial del empleo». Estas son algunas de las ideas que se contienen en el informe Nota1 que la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) ha preparado para la Conferencia sobre el Empleo del G-7, que se va a celebrar en Lille (Francia) del 1.o al 2 de abril.

Entre 1979 y 1994, el número total de desempleados en los países que integran el G-7 (grupo de los siete países más industrializados: Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido) pasó de 13 millones a casi 24 millones; 4 millones de desempleados han dejado ya de buscar trabajo y 15 millones de personas ocupadas a tiempo parcial quisieran encontrar un empleo a tiempo completo. Según datos de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) Nota2, la fuerza de trabajo del conjunto del G-7 ha pasado de 273 millones de personas en 1979 a 322 millones en 1994

La incertidumbre laboral ha provocado reacciones que van desde el clamor de quienes reclaman la aplicación de medidas proteccionistas en los Estados Unidos a la declaración de huelgas masivas en Francia. Incluso el Japón, cuyo mercado de trabajo se consideró durante mucho tiempo como el más estable de los países industrializados, experimenta hoy dificultades en materia de empleo.

Los países del G-7 tienen a su cargo dos terceras partes del total de la producción mundial de bienes y servicios, producen más de la mitad de las exportaciones y atraen más del 40 por ciento de las inversiones extranjeras directas, mientras que su población equivale solamente a un 14 por ciento de la población mundial. Por lo tanto, es evidente que la forma en que se desarrollen y dirijan las economías del G-7 seguirá ejerciendo una influencia considerable en la situación económica general y en la evolución mundial del empleo.

«La crisis del empleo es una de las principales causas de pobreza y exclusión social y uno de los mayores obstáculos al logro de la justicia social en el mundo», según el Director General de la OIT, Michel Hansenne. Y prosigue diciendo: «En razón de su importancia en la economía internacional, el G-7 tiene que desempeñar un papel de vanguardia en la búsqueda de soluciones a la crisis del desempleo y la exclusión, lo que redundará no sólo en beneficio propio sino en el del conjunto de los países del mundo».

El informe de la OIT pone de manifiesto que el desempleo afecta fundamentalmente a los jóvenes, los trabajadores no calificados y los trabajadores migrantes.

Los índices del desempleo de larga duración han aumentado considerablemente, especialmente entre los trabajadores de edad madura. En Italia, Francia, Alemania y Canadá, menos de la mitad de la población con edades comprendidas entre los 54 y los 65 años siguen formando parte de la fuerza de trabajo. Los desempleados de larga duración tienden a quedar marginados del sistema, incluso en los períodos de reactivación económica. Durante la coyuntura favorable de 1987-1991 se produjo un importante crecimiento del empleo, pero en la mayoría de los países industrializados este crecimiento no pudo absorber de manera apreciable el desempleo de larga duración.

En el Japón, el desempleo sigue siendo relativamente moderado, pero empieza ya a constituir un problema. En el período 1979-1994, el desempleo visible pasó, en este país, de un 2 a un 3 por ciento.

En los Estados Unidos, el desempleo aumentó bruscamente entre 1979 y 1982, hasta alcanzar casi el 10 por ciento, pero ha remitido desde entonces, para situarse en un 5,5 por ciento en febrero de 1996. No obstante, cabe observar que en los Estados Unidos y el Canadá, y en menor medida en el Reino Unido, se ha registrado un notable aumento de la proporción de empleos mal remunerados, muy superior a la que se observa en los demás países del G-7. A consecuencia de ello, en los países más ricos se ha ido formando una nueva categoría laboral desfavorecida: los «trabajadores pobres». En los Estados Unidos, en 1993, cerca de un 18 por ciento de las personas empleadas a tiempo completo percibían una remuneración inferior al nivel de ingresos definido como umbral de pobreza para una familia de cuatro personas. En Europa occidental, la proporción de trabajadores que perciben menos del mínimo vital llega a ser de un 10 por ciento.

Causas de la situación de desempleo elevado y salarios bajos

El crecimiento económico desequilibrado que se ha registrado en los últimos 20 años es el factor fundamental de los problemas de empleo que experimentan los países industrializados, dice el informe, aunque dichos problemas revistan forman distintas según se trate de los Estados Unidos, Japón o Europa.

«Todo parece indicar que los niveles elevados y persistentes del desempleo en los países del G-7 son consecuencia, más que nada, de una insuficiente demanda general, que se añade a unas tasas de crecimiento muy bajas», sigue diciendo el informe de la OIT. «Asimismo, se considera que la debilidad del crecimiento ha sido un factor determinante de los problemas estructurales que experimenta el mercado laboral.»

También han influido determinados factores perturbadores externos, como las dos crisis del petróleo, la mala adaptación a los cambios estructurales o la aplicación de políticas nacionales con escasa perspectiva.

Según el informe de la OIT, «las economías del G-7 están funcionando por debajo de su capacidad: la demanda general resulta insuficiente, el desempleo es masivo y los niveles de inflación están al mismo nivel, y aun por debajo, de los del decenio de 1960. Por lo tanto, hay margen para un cierto nivel de crecimiento sin que ello suponga un riesgo excesivo de rebrote de la inflación».

El crecimiento es la fuerza motriz de la disminución del desempleo. En los Estados Unidos, la reducción de los índices de crecimiento se ha traducido fundamentalmente en una brusca interrupción del aumento de los ingresos personales, a consecuencia de la rebaja de los beneficios de la productividad. Por otra parte, ha crecido el número de puestos de trabajo, lo que ha contribuido a mantener un bajo desempleo, pero a costa del estancamiento de los aumentos salariales.

En Europa, el hecho de que los beneficios de la productividad se hayan mantenido a un nivel más constante ha tenido como consecuencia que el menor crecimiento ha repercutido en un incremento del desempleo, mientras que los salarios han seguido aumentando, aunque en proporciones más modestas.

El informe de la OIT quita importancia a algunas de las causas que a veces se aducen para explicar el desempleo:

• El comercio internacional. Se ha sugerido que la intensificación de los intercambios comerciales con países en los que se pagan salarios inferiores ejerce una presión directa sobre los niveles salariales de los países de mayores ingresos. El problema no está ahí, porque el comercio Norte-Sur sigue siendo relativamente modesto, ya que los países industrializados comercian en gran medida entre sí.

Por ejemplo, para los 24 países de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), el total de importaciones procedentes de las denominadas «economías dinámicas de Asia» y de China representó en 1993 apenas el 1,5 por ciento de su producto interior bruto (PIB), frente a 0,2 por ciento en 1962. Además, los intercambios con los países en desarrollo, y en especial con las economías dinámicas de Asia, ha sido equilibrado o ha arrojado una balanza comercial favorable para la OCDE, lo que significa que dichos intercambios han contribuido a la creación de puestos de trabajo en la OCDE, y no a su desaparición.

«Los trabajadores de los países en desarrollo, empleados en actividades que requieren escasas calificaciones y que utilizan una mano de obra abundante, suelen ganar 10 veces menos que los trabajadores de los países industrializados; por lo tanto, no hay manera de que los países del G-7 puedan competir con ellos en ese plano», dice Eddy Lee, economista de la OIT. «Los países del G-7 deberían concentrarse más bien en las industrias que requieren de un alto aporte tecnológico y en la creación de empleo en este ámbito, porque pasarán decenas de años antes de que los países en desarrollo puedan alcanzarlos en este terreno», concluye.

• Los progresos tecnológicos se citan a menudo como una de las causas principales del desempleo pero, según el informe, se exagera su incidencia real. Es cierto que la evolución tecnológica afecta la estructura del empleo y exige, en consecuencia, que la fuerza de trabajo y la producción se adecúen rápidamente a las nuevas condiciones, pero no por ello actúa como un factor de destrucción neta de empleos. Por el contrario, las innovaciones técnicas son el motor del crecimiento y la creación de empleos en el futuro.

• Los elevados niveles de salario real y la protección social se suelen citar también entre los factores importantes de desempleo, pero en realidad no tienen la incidencia que se les atribuye. Las políticas estructurales destinadas a promover la eficiencia y la flexibilidad han permitido quizá alcanzar una asignación más productiva de los recursos, pero han influido muy poco en los volúmenes de empleo total.

En los países del G-7, el empleo está creciendo con mayor rapidez que la fuerza de trabajo pero, aunque se mantenga la tendencia actual, es poco probable que las políticas vigentes los países industrializados puedan absorber el volumen de desempleo acumulado, añade el informe.

En cambio, la acción combinada de los cambios tecnológicos y de un crecimiento escaso puede resultar contraproducente, generando escasez de mano de obra en algunas profesiones técnicas altamente especializadas y un excedente de trabajadores en categorías de trabajadores menos especializadas, cuyas calificaciones quedan obsoletas.

A menos que estos trabajadores de calificación media puedan seguir una nueva formación o readaptarse profesionalmente a las nuevas exigencias técnicas, terminarán por engrosar las filas de los desempleados.

Generar más puestos de trabajo

Se plantea un doble desafío político para buscar soluciones a estos problemas, dice el informe de la OIT:

• ¿Cómo acelerar el crecimiento de la demanda de mano de obra sin provocar de nuevo un proceso inflacionario o desequilibrios macroeconómicos?

• ¿Cómo promover la capacidad de conseguir y conservar un empleo, y lograr la reinserción de los desempleados y las personas marginadas socialmente, haciendo posible al mismo tiempo el mantenimiento de redes apropiadas de seguridad social que ayuden a quienes necesiten apoyo financiero durante algún tiempo?

Para acometer esta doble empresa, se necesita contar con una serie de políticas macroeconómicas, estructurales y sectoriales complementarias entre sí, junto con un compromiso de los actores fiscales y monetarios, tanto nacionales como internacionales, en el sentido de que el fomento del empleo será un elemento central de su acción.

Las políticas macroeconómicas cumplen una función decisiva en el aumento de la demanda y el fomento de un crecimiento basado en actividades con un alto coeficiente de mano de obra, indica el informe de la OIT. Las políticas macroeconómicas deben reposar en seis elementos conexos: la mejora de los mecanismos internacionales de coordinación de las políticas económicas y financieras; la reducción de los tipos de interés a corto y largo plazo; la contención del crecimiento de la deuda pública a plazo medio, recurriendo a la aplicación de políticas presupuestarias adecuadas; la puesta en práctica de estrategias que prevengan la inflación de origen salarial; y la adopción de políticas presupuestarias que prevean asignaciones para luchar contra el desempleo y para romper a corto plazo el círculo vicioso de las recesiones.

«Tales políticas tienen que estar respaldadas por estrategias que impulsen los interlocutores sociales - empleadores, trabajadores y gobiernos - al objeto de mantener un equilibrio entre los aumentos salariales y las ganancias de las empresas», dice Michel Hansenne.

«Sólo una mejor coordinación de la acción política, tanto nacional como en el plano internacional, permitirá ganar la confianza de los mercados de capitales en la estabilidad y la fiabilidad de las políticas a plazo medio; cuando ello ocurra, habrá signos suficientes para que los mercados reduzcan las tasas de interés a plazos efectivamente largos», subraya el informe de la OIT.

Programas específicos

Según el citado informe, también es necesario tomar medidas para que las políticas macroeconómicas beneficien a las personas vulnerables y socialmente excluidas. Es poco probable que en los próximos años el mercado pueda ofrecer empleos a las personas marginadas. Para ayudar a estos grupos, la OIT preconiza la aplicación de una serie de medidas selectivas, que sean coherentes con los objetivos macroeconómicos establecidos. Entre los programas propuestos figuran los siguientes:

• Programas reducidos de capacitación profesional, que hayan dado buenos resultados en los últimos años, destinados a grupos específicos cuyos problemas de acceso al mercado de trabajo sean de moderada importancia.

• Programas de empleo subvencionado, comprendidas las inversiones públicas que establezcan contingentes de contratación reservados a grupos específicos de desempleados.

• Promoción de iniciativas de nivel local, comprendidas la financiación de actividades independientes y la creación de microempresas, así como la asignación de subsidios para trabajos en servicios de utilidad pública, como la preservación del medio ambiente.

La cooperación nacional es imprescindible

De acuerdo con el informe de la OIT, «todo gobierno puede maximizar sus medidas de apoyo y alentar a grupos influyentes de la sociedad a adoptar unas políticas que, en líneas generales, sean congruentes con el cauce económico que se haya escogido para el país. La participación de las organizaciones representativas de los trabajadores y los empleadores en un diálogo con las autoridades gubernamentales a propósito de materias económicas y sociales pudiera contribuir a lograr esta meta. El diálogo tripartito hará más aceptables las medidas que se apliquen y servirá para orientar los escasos recursos estatales disponibles hacia quienes más los necesiten. También mejorará la viabilidad de las reformas y, por extensión, contribuirá a ganar la confianza de los inversores y de los mercados de capitales, conocidos por su susceptibilidad».

La OIT considera que, para que estos planteamientos a nivel nacional rindan frutos, se han de cumplir tres condiciones básicas:

• las organizaciones de empleadores y los sindicatos tienen que estar convencidos de que hay que prestar una atención prioritaria a los problemas macroeconómicos nacionales, por encima de los intereses más concretos de sus respectivos sectores de actividad económica;

• tiene que haber un mínimo de comprensión acerca de problemas económicos y sociales básicos, a la vez en el seno de las organizaciones de empleadores, de trabajadores y del gobierno y entre estos interlocutores sociales, para hacer posible la concertación de acuerdos sobre salarios, otros costos laborales y volúmenes de empleo;

• las organizaciones nacionales de trabajadores y de empleadores tienen que ser capaces de demostrar a sus afiliados, de manera convincente, las ventajas que podrán obtener de estos compromisos.

Nota1

Combating Unemployment and Exclusion: Issues and Policy Options. Contribution to the G7 Employment Conference submitted by the Director-General of the International Labour Office, Lille 1-2 April 1996. ISBN 92-2-110158-4. Oficina Internacional del Trabajo, Ginebra, 1996.

Nota2

Labour Force Statistics, 1973-1993, ISBN 92-64-04497-3; Quarterly Labour Force Statistics (correspondientes a 1994), ISSN 0255-3627. OCDE, París, 1995.