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En busca de alternativas para aumentar los ingresos de los cultivadores de quinua en Perú

El Programa Granos Andinos de la ONU, en el cual ha participado activamente la OIT, también tuvo como objetivo al empoderamiento económico de las mujeres que se dedican a este cultivo.

Reportaje | 4 de octubre de 2017
PUNO, Perú (OIT NOTICIAS) – Benjamina Gonzalo Nina, una productora de quinua de 52 años, durante mucho tiempo luchó para ganar lo suficiente para vivir. Ella era una de los miles de pequeños propietarios de tierra que vivían en la pobreza en las regiones de Ayacucho y Puno de Perú, y que no tenían la posibilidad de beneficiarse de la creciente demanda mundial del “súper cereal”.

Perú es actualmente el mayor productor de quinua, seguido por Bolivia. Los dos países representan 80 por ciento del comercio mundial. Sin embargo, mientras las exportaciones de quinua incrementaron exponencialmente en los últimos años, esto no significó una mejor calidad de vida o mayores ingresos para los agricultores peruanos como Nina.

No fue hasta que Nina participó en un proyecto de dos años de duración, financiado por el Fondo para el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Fondo ODS), un mecanismo de múltiples donantes y multinstitucional creado por las Naciones Unidas para hacer avanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que su situación comenzó a mejorar.

Creado en 2015, el Programa Conjunto Granos Andinos se enfocó en la situación de 2.350 agricultores en Ayacucho y Puno, zonas rurales con un elevado nivel de pobreza y pobreza extrema, y donde se produce el 78 por ciento de la quinua de Perú.

“Nos enseñaron a distinguir y seleccionar los diferentes tipos de semillas, y la calidad de grano que es más requerido en el mercado, entre otras cosas. Antes, sembrábamos sin conocer los tipos de semilla, ahora sabemos las propiedades de cada una y sus beneficios”, explicó Nina, madre de cuatro hijos.

“Solíamos producir poca cantidad, pero gracias al modelo empresarial cooperativo también tenemos mejores contactos con el mercado de la quinua.”

El programa es una iniciativa de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), y la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), en asociación con el Gobierno de Perú, el sector privado, cooperativas y universidades.

El programa fomentó la creación de cooperativas agrícolas y de empleos verdes, permitió que los productores negociaran mejores precios de mercado y contribuyó a instaurar sistemas de producción ecológica de quinua.

El dividendo ecológico
Como resultado del programa, los ingresos de los agricultores aumentaron 22 por ciento más que en 2014-2015 gracias a la venta de quinua orgánica. Como resultado de una campaña realizada en 2015-2016 fueron adquiridas 23 toneladas de quinua orgánica con certificación de los mercados de Estados Unidos, de Europa y Brasil.

“La venta directa desde el productor al consumidor final es una buena iniciativa, bien sea para el mercado nacional o de exportación, ya que nos proporciona lo que siempre hemos deseado: una mayor rentabilidad de nuestro producto y una fuente directa de ingresos para los productores de quinua, garantizando que no sean sólo las grandes empresas las que se benefician”, explicó la agricultora de quinua Candy Condori Mamani.

El proyecto contribuyó además a mejorar la calidad de los alimentos y la nutrición en Perú, al promover el consumo de este grano – descubierto en las montañas andinas hace más de 3.000 años – como parte del patrimonio alimentario de la región.

La quinua se caracteriza por su diversidad genética, resistencia y capacidad de adaptación a condiciones ambientales difíciles. La investigación indica que podría ser un cultivo viable ante amenazas como el calor, la salinidad, la sequía y el cambio climático.

Cooperativas de quinua
Miriam Elvira Guerrero Cabrera es una formadora My.Coop de la OIT, quien enseñó a 31 agricultores de Ayacucho que participaron en el proyecto las ventajas de crear y pertenecer a cooperativas.

“El aspecto contable fue un tema que despertó mucho interés. En términos de producción, la cuestión del abastecimiento, es decir, cómo adquirir los insumos, seleccionar los proveedores, factores que no tomaban en cuenta cuando firmaban un contrato, fue muy útil. En fin, en el módulo de comercialización pudieron conocer las herramientas necesarias para negociar, así como la cuestión de la calidad y de la certificación de la quinua”, señaló Guerrero Cabrera.

“Actualmente, trabajamos en la exportación, ya que obtuvimos el año pasado la certificación de Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA) para producción de quinua orgánica”, explicó Guillermo Cutimbo Aza, presidente de la Cooperativa Capro Semillas, con sede en Puno. “Sin duda, la formación que recibimos ha sido muy importante y nos dio un impulso para seguir adelante.”

Los productos de la cooperativa Campo Verde, por ejemplo, son utilizados por el conocido chef peruano Gastón Acurio. También fueron creadas barritas energéticas de quinua y quihuicha para niños como resultado de las actividades dirigidas al desarrollo de las capacidades del programa.

El Programa Granos Andinos también contribuyó al empoderamiento económico de las mujeres. Ellas constituyen alrededor de 31 por ciento de los productores agrícolas de Perú, además de ser las que principalmente se encargan del cuidado de la familia.

Las “mamachas” – como se conocen localmente las mujeres que cultivan – lograron acumular un capital de 16.000 soles (cerca de 4.800 dólares) en la Unión de Crédito y Ahorro (UNICAS), que utilizaron para comprar fertilizantes naturales para proteger sus cultivos, nuevos insumos y animales para sus granjas.

“No teníamos muchos conocimientos sobre el acceso al financiamiento. Sin embargo, gracias al programa y a la formación que recibimos, descubrimos a UNICAS, lo cual nos permitió ahorrar y administrar nuestro dinero”, declaró Nina.

En Puno, más de 50 por ciento de los productores que se beneficiaron del proyecto eran mujeres, mientras que en Ayacucho eran 42 por ciento, muchas de ellas se convirtieron en líderes de UNICAS y de cooperativas, según Marie Jeanjean, Asistente de Programa de la OIT en Lima.

“Este programa conjunto es un excelente ejemplo de cómo podemos cooperar como ‘Una ONU’, beneficiándonos de la experiencia y los conocimientos específicos de estas tres agencias de Naciones Unidas. En la práctica, significó que grupos muy desfavorecidos, como las mujeres que viven en las zonas rurales aisladas de Puno, pudieron ser alcanzadas por un gran número de servicios de la ONU”, declaró John Bliek, Especialista de la OIT responsable del proyecto.

“Si bien la duración de este programa puede haber sido breve, esperamos que sea la semilla que haga germinar proyectos similares en estas zonas de Perú y más allá.”