Preguntas y respuestas

El empleo juvenil en crisis. Preguntas y respuestas sobre la situación de los jóvenes en el mercado laboral

Los jóvenes han sido afectados de manera desproporcionada por la crisis mundial que estalló en el otoño de 2008. Esta tendencia ha agravado las dificultades previas y existe la preocupación de que, si no se toman medidas, la situación de los jóvenes será insostenible, amenazando la cohesión social. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) presenta una entrevista con Raymond Torres, Director del Instituto de Estudios Laborales de la OIT, y Steven Tobin, economista de la OIT, coautores de un nuevo informe titulado “El empleo juvenil en crisis”.

Artículo | 14 de julio de 2010

¿Cuál es la situación de los jóvenes desde que se inició la crisis?

Desde que comenzó la crisis, la tasa de desempleo juvenil ha aumentado en más de 7 puntos porcentuales – el aumento más brusco en dos años jamás registrado – y en la actualidad supera el 21 por ciento como término medio en los países para los cuales hay datos disponibles. En total, los jóvenes – es decir las personas entre 15 y 24 años – constituyen más del 22 por ciento del aumento en el número de desempleados desde comienzos de 2007, y ahora representan cerca del triple del nivel promedio de los adultos mayores de 24 años.

Con el continuo empeoramiento de las condiciones del mercado laboral, el desempleo a largo plazo entre los jóvenes ha comenzado a aumentar en casi todos los países, en particular en España y Estados Unidos. El impacto del desempleo de larga duración sobre los jóvenes puede ser devastador y persistente. Los jóvenes, que carecen de educación general o profesional y de experiencia laboral, son especialmente vulnerables a la crisis.

Muchos jóvenes empleados están 'sobrecualificados' para el trabajo que realizan. Una sensación de desaliento y precariedad se está expandiendo con rapidez.

¿Por qué es tan importante abordar el empleo juvenil de manera específica?

Mientras más tiempo permanecen los jóvenes desvinculados del mercado laboral, más difícil – y costoso – es regresar al empleo productivo. Existe además una serie de implicaciones sociales importantes relacionadas con la exclusión, incluyendo la vulnerabilidad a conductas antisociales, como la delincuencia juvenil y la tensión social.

Desde antes de la crisis, el desempleo juvenil era más alto que el de los adultos. Y muchos jóvenes con buen nivel cultural que tenían empleo, en particular las mujeres jóvenes, realizaban trabajos que no requerían calificaciones o trabajaban en el sector informal, ocasionando un considerable desperdicio de recursos humanos, así como una gran frustración entre los jóvenes y sus familiares.

Además, a medida de que la búsqueda de trabajo se torna más difícil, es posible que muchos jóvenes no perciban los beneficios de continuar estudiando o formándose, lo cual tendría consecuencias socio económicas negativas a mediano plazo.

¿Los países han adoptado medidas orientadas a apoyar el empleo juvenil?

Como parte de las respuestas a la crisis, muchos países han adoptado un gran número de medidas para apoyar a los jóvenes. Éstas incluyen:

  • Promover la educación y la formación y evitar el abandono prematuro de los estudios;
  • Apoyar la búsqueda de empleo, los programas de activación y los subsidios de empleo orientados a los jóvenes que buscan trabajo;
  • Asistencia empresarial;
  • Programas especiales para los jóvenes que no estudian ni están en el mercado laboral (el grupo más vulnerable por un gran margen).

Sin embargo, las preocupaciones por los crecientes déficits presupuestarios están suscitando discusiones sobre si las medidas adoptadas, incluso aquellas destinadas a los jóvenes, deberían ser reducidas o eliminadas del todo. Este tipo de enfoque de reducción de costos mejoraría los balances fiscales a corto plazo, pero con el riesgo de perpetuar los resultados negativos sobre el empleo juvenil a largo plazo. Por lo tanto, la consolidación fiscal debería llevarse a cabo con cautela, tanto en términos del ritmo como del contenido de las medidas.

¿Cuán eficaces son estas medidas políticas?

Mientras la creación de empleo continúa débil, la promoción de permanencias más largas en el sistema educativo reduce el número de ingresos en el mercado laboral (y, por lo tanto, en cierta medida frena el desempleo), y al mismo tiempo aumenta los conocimientos y las calificaciones de los jóvenes, lo cual podría fortalecer el mercado laboral y la productividad a medio plazo.

Sin embargo estos esfuerzos, si tienen éxito, sólo pospondrían la entrada al mercado laboral de los jóvenes. Sin medidas complementarias que apoyen el empleo juvenil en conjunto, quienes ingresen al mercado laboral por primera vez correrán el riesgo de unirse al número siempre mayor de jóvenes desmotivados y subempleados.

Las autoridades ejecutivas, al poner a disposición el apoyo activo para los jóvenes sin mucha experiencia laboral, pueden reducir el riesgo de la exclusión social. Para que estos programas sean eficaces, los mismos precisan de una sólida capacidad institucional, a través de servicios públicos de empleo eficientes, formación o la eliminación temprana de desventajas particulares de empleo.

Los programas orientados a los jóvenes producirán resultados sólo, primero, si la creación de empleo es suficiente en general y, segundo, si los trabajos son de calidad adecuada y existen pocas perspectivas profesionales para los jóvenes empleados en trabajos precarios. Es por esto que la implementación del Pacto Mundial para el Empleo de la OIT es tan importante.

¿Cuáles son las recomendaciones de la OIT en este contexto?

Es necesaria una estrategia coherente que combine políticas macroeconómicas de apoyo con transiciones de la escuela al trabajo consolidadas y una ayuda bien estructurada para los desempleados o para quienes estén en peligro de caer en la exclusión social. Esto es factible: países como Alemania y Brasil están obteniendo resultados muchos mejores que otros países.

Aún antes de la crisis, en la mayoría de los países la situación en relación al empleo juvenil era insatisfactoria. Como consecuencia, la crisis debería ser percibida como una oportunidad para resolver antiguos problemas de empleo juvenil, y para desarrollar estrategias de empleo juvenil que tengan en cuenta todas las dimensiones del trabajo decente, no sólo en términos cuantitativos.

Es evidente que esto tiene implicaciones presupuestarias a corto plazo. Sin embargo, análisis recientes sugieren que es posible apoyar el empleo y al mismo tiempo alcanzar objetivos fiscales – y sociales – a largo plazo.

Los interlocutores sociales deben convertirse en actores fundamentales al abordar los desafíos que enfrentan los jóvenes y crear un ambiente sostenible donde los estos puedan aprovechar su potencial y el desarrollo a largo plazo para el bienestar individual y de la sociedad.