Sector rural y desarrollo local en América Latina y el Caribe

Transformación de la economía rural clave para la promoción del trabajo decente

En las zonas rurales de América Latina y el Caribe (ALC) viven más de 123 millones de personas, de las cuales 50 millones trabajan, con lo cual el empleo rural sostiene a una de cada cinco personas que trabajan en la región. La pobreza en la región es un fenómeno predominantemente rural: las tasas de pobreza y pobreza extrema en las zonas rurales son dos y tres veces mayores que en las zonas urbanas, respectivamente.

A nivel regional el 68,5% de trabajadores rurales tiene empleo informal frente al 47% de trabajadores urbanos. La pobreza y los déficits de trabajo decente en la economía rural tienen muchas causas subyacentes, entre las que destacan: una economía de carácter informal; sistemas de producción insuficientemente desarrollados y diversificados; acceso limitado a los servicios públicos, las infraestructuras y la protección social; cumplimiento y aplicación ineficaces de las leyes y Normas Internacionales del Trabajo; ausencia de un ambiente favorable para el desarrollo productivo y empresarial; degradación y gestión insostenible de los recursos naturales; limitada organización, representación y participación de la población rural en los procesos de diálogo social y de formulación de políticas, estrategias y programas de desarrollo rural.

Cabe remarcar que, en el ámbito de las políticas e instrumentos institucionales, la mayoría de los países de la región presentan debilidades en las políticas públicas dirigidas al mercado del trabajo y políticas de desarrollo productivo para las áreas rurales. Existe un sesgo urbano de las políticas gubernamentales que toman en cuenta sólo parcialmente las áreas rurales. Asimismo, persiste la descoordinación y desarticulación de las iniciativas, así como la limitada conexión de las intervenciones con las narrativas y dinámicas sociales, económicas, políticas y culturales de los territorios rurales, lo cual impacta negativamente en los procesos de innovación y los resultados esperados en términos de desarrollo.

Este contexto nos plantea retos impostergables como la necesidad de transformar la economía rural y desarrollar su potencial para que sean atractivas sobre todo para los jóvenes y se conviertan en motores de producción sostenible de alimentos y catalizadores de un crecimiento diversificado, inclusivo y sostenible. Asimismo, se requiere cambiar “la narrativa” valorizando a la economía rural como clave para la erradicación de la pobreza y con gran potencial para convertirse en centros de generación de riqueza y empleo.

Finalmente, la OIT manifiesta su compromiso de apoyar a sus mandantes tripartitos en la formulación de políticas, estrategias y programas a través de un enfoque integrado para promover el trabajo decente y productivo en la economía rural, y de esta forma apoyar a los Estados Miembros avanzar en la consecución de las metas 1.2, 2.3 y 8.2 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Principales iniciativas

  1. FORLAC Rural
  2. LABOR